“Género en movimiento, lo que no se ve”. Análisis del lenguaje coreográfico en la creación contemporánea desde una perspectiva de género.
“Género en movimiento, lo que no se ve” es un proyecto de investigación con el que se pretende analizar la existencia o no de los posibles patrones de género que puedan existir en la danza contemporánea. Este proyecto ha sido otorgado con la beca de Investigación y Pensamiento 2020 del OSIC.
“Lo que no se ve”. Análisis del repertorio actual
Pasemos ahora a analizar posibles patrones de género en el movimiento cuando aparentemente no los hay. En la mayoría del repertorio contemporáneo no se observan diferencias sustanciales entre hombres y mujeres dentro del elenco de cada compañía (a no ser que sea una revisión de repertorio clásico, la Giselle de Akram Khan por ejemplo). Probablemente haya un vestuario uniforme para todos los intérpretes y grandes partes de coreografía de conjunto en el que tanto hombres como mujeres bailan exactamente lo mismo. Pero, ¿qué pasa si nos fijamos en los solos por ejemplo? ¿Y en los dúos? ¿O si hay escenas en las que bailan sólo los hombres o sólo las mujeres?
Igual que en la parte anterior de la investigación, se usarán los indicadores de forma, espacio y calidad de movimiento y se formularán las siguientes preguntas:
-¿Las diferencias del vocabulario provienen de la forma? ¿De la intención del movimiento?
– Estas diferencias, provienen de, o muestran una representación de la masculinidad y la feminidad clásicas o de nuevas masculinidades y feminidades?
– ¿Hay relación con las temáticas y narrativas de las obras?
– ¿Qué interés hay en representar estas diferencias de género en escena?
– ¿Qué buscan lxs coreógrafxs en hombres y mujeres?
– ¿Cómo se siguen perpetuando los roles de género en la danza contemporánea?
– ¿Hasta qué punto hay conciencia de ello?
Al tratar de responder estas preguntas se busca ahondar en este análisis de la creación actual profundizando precisamente en los aspectos que no son tan evidentes y que a priori, parece que tampoco hay mucha conciencia sobre ello. Tradicionalmente, “el cuerpo que baila ha sido descrito como un folio en blanco” (Greiner, 2013) pero, ¿es necesario seguir pensando el cuerpo de esta manera? ¿Es realmente “neutro”? ¿Se puede separar del cuerpo de los intérpretes como son leídos según el sistema sexo/ género? Además, en muchas de las obras el vestuario busca cómo “mostrar” aún más el cuerpo o se trabaja con la semidesnudez o desnudez completa; dejando así en completa evidencia la morfología sexual de lxs bailarinxs. Si estamos hablando de narrativas en las que realmente los bailarines hombres y las bailarinas mujeres son intercambiables, ¿no hay ninguna relación entre su género y su presencia en la obra para lxs coreógrafxs?
Cuando hablamos de masculinidad y feminidad durante el estudio de las obras y el movimiento, nos estaremos refiriendo no sólo a las características clásicas definidas por el sistema patriarcal, si no también a la posibilidad de que exista un interés en mostrar otras masculinidades o feminidades diferentes. Con todo esto, también veremos si se sigue imponiendo una categorización del movimiento en función del género (aunque no sea como se hacía en el ballet) de una forma bastante binaria.
¿Qué pasa con los sujetos leídos como masculinos pero que están atravesados por la feminidad? ¿Se esconde? ¿Se potencia? ¿Depende de la narrativa de la obra? Helen Thomas (2003) afirma “se llega a una codificación en la danza moderna en la que el cuerpo continúa siendo un espacio de colonización”, ¿qué decisiones están tomando lxs coreógrafxs a la hora de contratar bailarinxs? ¿Qué cuerpos quieren mostrar?
Para este estudio, por un lado se ha revisado repertorio internacional de las compañías que prevalecen en los circuitos más importantes o visibles de la danza y bibliografía específica sobre danza y género. También se ha creado un grupo de bailarinxs y coreógrafxs como muestra de estudio con los que ha través de una metodología cualitativa y mediante entrevistas de carácter oral, recopilar experiencias, saberes y percepciones sobre este tema. Esta muestra de estudio se centra en artistas que residen o desarrollan su trabajo en territorio catalán.

Etapa formativa
Antes de analizar el trabajo actual, empezamos revisando cómo ha sido la formación del grupo de estudio. La mayoría han recibido formación clásica y es durante las clases de ballet cuando se produce una separación física por géneros. Además de las clases conjuntas, siempre hay clase de puntas para las chicas y clase de chicos. Las bailarinas trabajarán la técnica específica de puntas, giros y elevación de piernas con gran amplitud. Mientras tantos sus compañeros masculinos se centrarán en saltos grandes con balloon y giros más virtuosos. Otro momento en el que se produce una diferenciación por géneros es el trabajo de paso a dos. Se produce dentro del propio aula en las clases de ballet y muchas veces en las clases de contemporáneo también. El chico será quien realice todos los portés, será el que levante a la bailarina siempre; mientras que ella será totalmente manipulada en sus movimientos.
En general se aprecia un apoyo y cuidados especiales hacia los chicos por ser minoría en las aulas. Sin embargo, una de las entrevistadas señala que no cree que sea por ser menos; si no que se trata simplemente de privilegio masculino. Pone como ejemplo pensar en qué ocurre con las mujeres en profesiones tradicionalmente masculinas. No se las apoya y valora, si no que tienen que esforzarse más para demostrar su valía. Podríamos decir que la acción de privilegiar a los estudiantes masculinos de danza es un patrón heredado, parece que responde simplemente al hecho de ser menos en número; y así se sigue repitiendo generación tras generación del profesorado sin apreciar la evidencia del privilegio masculino.
Una gran parte parte del grupo entrevistado señala que han recibido correcciones sexistas del estilo “sé más hombre” o “sé más mujer”, sin venir acompañadas de ninguna indicación técnica que sugiriese la corrección a realizar. Se han escuchado cosas como:
– “Me da igual lo que seas pero tienes que parecer un hombre” (a un niño de 13 años).
– “Salta vaca”.
– “Sé más mujer, sé más sexy”.
Sin formar parte de las preguntas planteadas en la entrevista, una parte significativa de la muestra de estudio narraron experiencias de contacto no deseado, acoso e incluso abuso sexual durante sus años de formación (siendo incluso menores de edad) y en los primeros años de transición profesional.
Trabajo de dúo
Preguntando ya a lxs participantes por su experiencia en el mundo profesional, señalan que en el trabajo de dúo es dónde más diferencias por género se aprecian. Aunque se tratase de danza contemporánea, se han encontrado con muchos trabajos en los que los chicos se encargan de realizar los portés y las chicas son completamente manipuladas. Exactamente lo mismo que ocurre en los pas de deux clásicos pero con otro lenguaje.
Los dúos chico/chica corresponden mayoritariamente a narrativas romántico-sensual-sexual. Por el contrario, cuando los dúos eran bailados por intérpretes del mismo género; las narrativas de las piezas solían ser más abiertas o conceptuales. Historias románticas sensuales- sexuales se pueden encontrar en algún trabajo chico/chico pero nunca chica/ chica (con respecto a la muestra entrevistada); por lo que se pone de manifiesto la invisibilidad de narrativas lésbicas.
En los dúos chico/chico también es dónde aparecen correcciones por parte de los coreógrafos (siempre hombres) haciendo alusión de manera sutil o muy directa a la orientación sexual de los intérpretes masculinos homosexuales, buscando desde la “interpretación” que parezca “verdad” la atracción hacia su compañera.
